La temporada pasada fue la más desastrosa jamás conocida por cualquier zaragocista que haya pisado en algún momento la Tierra. Es duro decirlo y tomar conciencia de lo que hemos vivido y dónde estamos, pero es así.
El Real Zaragoza posterior a la fusión de avispas y tomates comenzó en Tercera en 1932. Tardó dos años en subir a Segunda y otros dos más a Primera. Tras dos años de interrupción por la guerra civil, estuvo dieciocho años alternando Primera y Segunda, y solo un año volvió a pisar Tercera, en la temporada 1947-48. A partir del ascenso a Primera de 1956 comenzó a fraguarse la que sería la gran historia de un equipo campeón, desde los Magníficos hasta la Copa de Víctor Muñoz, pasando por los Zaraguayos, el Zaragoza de Beenhaker, los éxitos de Luis Costa y los Héroes de la Recopa con Víctor Fernández, y muchos más que me dejo en cincuenta y siete temporadas que nos consolidaron entre los equipos ilustres de la Liga española y del fútbol europeo, a pesar de los ocasionales escarceos con Segunda División que siempre duraban una sola temporada, e incluso a pesar del deterioro que supusieron los últimos años en Primera con el Innombrable al mando.
Pero entonces llegó el descenso de 2013, y tras él, trece temporadas seguidas en Segunda, el período más largo de nuestro club en esa categoría, un declive que finalmente nos trajo de nuevo al tercer nivel del fútbol español. No dudo de que los zaragocistas de 1947 estarían jodidos, pero aquello fue un tropiezo puntual de un equipo ascensor, y lo que ahora vivimos es un fracaso sostenido de un equipo que fue campeón, una degradación constante que ha culminado en la ignominia.
Por eso, tras escuchar de boca de los nuevos propietarios de A.GAIN que su objetivo es el largo plazo, no estoy seguro de que entiendan que ya hemos estado un largo plazo en Segunda División y que el largo plazo del Real Zaragoza no puede estar ahora en 1RFEF. La ignominia no puede convertirse en normalidad. De ahí la necesidad de poner todos los recursos necesarios para hacer una plantilla potente que aspire al ascenso a Segunda División. Y lo que parece es que el plan que había antes de su llegada no ha cambiado: hacer lo mejor posible con la mínima inversión posible.
Por supuesto que Lalo nos inspira a todos más confianza que otros directores deportivos que han pasado por aquí haciendo el indio. Aun así algunas de sus decisiones resultan difíciles de entender, en todas las líneas del equipo. Y yo personalmente hubiera preferido un entrenador experimentado, precisamente porque estoy harto de experimentos e Ibai Gómez me parece uno más de la larga lista que hemos tenido en estos últimos años. De momento en pretemporada no hemos visto claridad en el juego, pero es cierto que los jugadores no se conocían y que poco a poco hemos visto al equipo mejorar, así que de verdad espero que siga la progresión y que Ibai demuestre que ha sido la elección correcta. Pero además, es necesario completar la plantilla con jugadores de nivel para acometer la única meta que nos debemos fijar, que es el ascenso directo.
Los puntos darán y quitarán razones. Venimos de ser un equipo perdedor y hay que darle la vuelta a eso. El propio Ibai ha dicho que hay que acostumbrarse a ganar. La única manera de que la afición se enganche desde el principio es que vaya al Iberchapa con la ilusión de ver a su equipo sacar los tres puntos.
Si por largo plazo se entiende hacer las cosas bien de manera sostenida en el tiempo, me parece bien. Pero amigos, el largo plazo empieza ya.